El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegaba a América en tres naves provenientes de España. Vivió en estas tierras durante algún tiempo y murió en la Europa que lo vio partir, en la más extrema pobreza, sin saber que había alcanzado a llegar a un nuevo continente.
Hoy han pasado 517 años y, después de muchos argumentos encontrados, recordamos esta fecha como el Encuentro entre dos mundos.
Cristóbal Colón, en su diario de viaje, escribió sobre los hombres que había hallado:
“esta gente no traen armas ni las conocen, porque se las mostré y se cortaron con ignorancia…/…/ No conocían ninguna secta o idolatría, salvo que creen en las fuerzas y el bien en el cielo…”
Ignorantes de las intenciones y del futuro devastador, esta mirada hecha por un marino experto, conocedor de las miserias y valores humanos, pone en evidencia la frescura y energía de un pueblo natural, distinto, libre…
Las continuas colonizaciones aportaron muchas riquezas, desde el punto de vista cultural, político y social; pero el corazón ambicioso del hombre provocó más tragedias que esplendor.
Hijos de esta cultura mixta y diversa nos han lanzado al mundo como un continente vivo, latente y con esperanzas en el futuro.
La inocencia y el desconocimiento que estos americanos ofrecieron pusieron en boca de los poetas contemporáneos versos como los de Neruda en su Canto General:
“Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado
No volverás al fondo de las rocas
No volverás del tiempo subterráneo
/…/señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales,
las viejas lámparas, los látigos pegado
a través de los siglos en las llagas
y las hachas de brillo ensangrentado…”
Varios siglos han pasado desde que la cultura europea desembarcó en esta tierra americana; pero no por ello se justifica el sometimiento y dominación ejercida sobre las culturas nativas y ancestrales. Muerte y olvido bañaron la sangre de estos pueblos diferentes, pero no por ello, inferiores.
A inicios del siglo XXI, muchos pueblos aborígenes se han extinguido y otros luchan por ser reinvidicados y recuperar los espacios que les pertenecen.
Desde nuestro espacio podemos trabajar por la tolerancia y la diversidad cultural. Como escuela se nos exige enseñar para la verdad y la libertad. No olvidemos nuestras diferencias pero respetemos nuestras divergencias y contrastes.
Que el diálogo y la dignidad humana se conviertan en nuestros emblemas y motivos de lucha. Por ello, hoy valoro la frase de un luchador por la paz, Gandhi, quien nos invita con esta frase a todos y cada uno de nosotros:
“Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”
Departamento de Lengua y Comunicación